martes, 11 de mayo de 2010

Los saberes de mis estudiantes

Después de que yo misma aprendí que las aplicaciones que funcionan de manera colaborativa y en las que se comparten cualquier tipo de datos o información, forman parte de la Web 2.0, procedí a realizar una breve entrevista a mis alumnos para indagar sobre los usos que le dan al Internet.

La mayoría: chatean, el programa más popular es el Windows Live Messenguer; escuchan música, a través de los distintos reproductores; ven videos, con la muy popular página de You Tube; descargan canciones con programas como Ares o Lime Wire; y visitan sitios sociales como el MetroFlog y Fotolog. Solo uno señaló que existen sitios para comunicarse y compartir como los Blogs, y para vender y/o comprar como Mercado Libre. Todos coincidieron en que uno de los usos más frecuentes es el de obtener información para sus tareas, a través de Google.

Las nuevas tecnologías ayudan al joven en el proceso de aprendizaje, incrementan de gran manera sus conocimientos y facilitan su trabajo. Al conocer otras muchas y muy variadas opiniones, los jóvenes amplían sus horizontes. Cuando les platiqué acerca otros usos y recursos disponibles en la Web, aunque no sabían de ellos, se mostraron interesados; por lo que para poder aprovechar estas tecnologías en el salón de clases, es necesario que primero los jóvenes las conozcan y las dominen. De esta manera podrán participar activamente en el trabajo colaborativo, sustentaran sus posturas, analizaran otras, intercambiaran ideas y sobre todo tendrán la iniciativa para ser autodidáctas.

En vista de los avances y de la situación actual, considero que se trata escencialmente de trabajo colaborativo: todos podemos aprender de todos. Insisto, se trata de compartir conocimientos e ideas y aceptar sugerencias y puntos de vista diferentes. El lugar para poder aprender y enseñar al mismo tiempo, será el ciberespacio, con sus múltiples aplicaciones y páginas.

Me parece una herramienta poderosa que vale la pena poner al alcance de nuestros alumnos. En lo personal es incontable el número de veces que he resuelto alguna duda utilizando los diferentes espacios que ofrece el Internet, también he compartido información que sé, que como a mí, ha sido de gran utilidad para otras personas.

lunes, 10 de mayo de 2010

Entre la docencia y mi profesión

Cuando estaba por terminar la preparatoria, que por cierto estudie en el mismo lugar en el que ahora trabajo, tenía que decidir qué es lo que iba a estudiar. Debo confesar que la informática nunca fue ni una opción, siempre me incline por las artes, quería estudiar diseño gráfico o gastronomía. Sin embargo era joven y muy indecisa, y me quedé sin presentar examen de admisión en ninguna de las universidades en donde había sacado ficha; por eso tuve que ingresar a una escuela que en aquel tiempo era relativamente nueva en el lugar donde vivo. Al ser una escuela nueva, no tenía muchas opciones y la más viable para mi era la de Informática debido a mis antecedentes escolares.

Durante toda la carrera me la pase pensando que en cuanto terminara iba a estudiar algo que fuera de mi agrado, algo que me viera haciendo por el resto de mi vida. Pensé así hasta que en el último año de la carrera un profesor nuevo nos impartió una materia en la que tuvimos que desarrollar sistemas que tenían una aplicación en la vida real. Ahí por primera vez amé mi carrera. Siempre supe que lo mío no era andar limpiando, armando y desarmando equipos, lo mío era estar sentada frente a la computadora programando.

Ser docente, como pueden leer, jamás paso por mi cabeza. Cuando terminé de estudiar trabajaba en un área que no tenía mucho que ver con la informática, posteriormente me cambie al departamento de sistemas, en donde aprendí muchas cosas, pero también termine de convencerme de que eso de armar y desarmar no era para mí. Aunque no era un trabajo de lujo, no me iba tan mal, ganaba poco pero trabajaba poco, y pasándome de conformista ahí estuve 4 años.


En agosto de 2008 se me presentó la oportunidad de trabajar en una dependencia de gobierno federal y fue por eso que dejé mi cómodo trabajo. Después de esperar casi 2 meses, por cuestiones políticas no fui aceptada, entonces me convertí en parte de las estadísticas de desempleados. Anduve un par de días renegando de mi suerte, y fue cuando tuve la oportunidad de ingresar como docente del nivel medio superior.


A pesar de las cosas, siempre he sabido que la informática es un área en la que aplica a la perfección el dicho “renovarse o morir”, los informáticos debemos de estar en constante actualización, porque la tecnología avanza a pasos agigantados. Sin embargo, hay personas que se niegan al cambio y ese fue uno de los obstáculos que detecte cuando entré a trabajar como docente. Me di cuenta de que los jóvenes no disfrutaban de la informática porque las actividades les parecían monótonas e inútiles; así como yo me sentí en algún momento mientras estudiaba la carrera, así se sentían ellos.


Ser docente para mí significa poder compartir mis conocimientos y la satisfacción más grande que tengo es que he cambiado la perspectiva que los jóvenes tienen respecto a la informática, la he hecho más divertida y más útil, respecto a sus vidas y a la forma en la que ven las cosas.


Sé que en el aspecto pedagógico me falta mucho que aprender para mejorar mi desempeño y reconozco que el reto más difícil es el cambio. Cuando entré a trabajar las actividades que forman parte de la RIEMS me eran completamente desconocidas y no tenía más que preguntar, sin embargo siento que muchos docentes se toman esas actividades a la ligera, no muestran interés y se niegan a cambiar. Creo que lo más perjudicial tanto para los alumnos, como para los docentes es la negatividad. Al final de cuentas estoy convencida de que todo cambio es para bien. Tal vez antes no había que hacer tantas actividades para poder dar clases, pero si ahora las hay no es simplemente para darnos que hacer, es para que mejoremos. Mejoramos nosotros, mejoramos nuestro trabajo y desempeño, mejoran nuestros alumnos, mejora nuestro país. Todo se trata de disponibilidad.
Después de poco más de un año agradezco que esa oportunidad ficticia se haya presentado, porque fue la forma en la que dejé aquél trabajo y pude tener esta valiosa oportunidad. Encontré al fin mi verdadera vocación, encontré esa actividad que sí me veo haciéndola por muchos años más, encontré la labor que me llena de manera personal y profesional, y que sobre todo me alienta a ser mejor.

La aventura de ser maestro

Les comparto mi reflexión después de leer "La aventura de ser maestro" de José M. Esteve.

Antes que nada, debo mencionar que de todos los textos que he leído respecto a la labor docente, éste me parece el más atinado. El autor tiene una manera muy natural de describir el trabajo, los problemas y los sentimientos; es por esto que creo la mayoría, sino es que todos, nos sentimos plenamente identificados.

Creo que por mucho tiempo que pase, nunca olvidamos el primer día que dimos clases. En mi caso, llegué al aula “pisando fuerte”. Lo recuerdo y no puedo evitar reír un poco. Me presenté con esa actitud por una parte, porque quería que ellos comprendieran que a pesar de mi edad yo no iba a ser una “maestra barco” o que iban a poder “saltarse las trancas”; y por otra parte por la inseguridad, porque aunque estaba segura de lo que sabía y de lo que iba a hacer, también estaba consiente de que probablemente no tenía todo dominado. Con el tiempo aprendí que cada grupo es diferente y con cada grupo nosotros somos diferentes, aprendí de ellos, de sus actitudes y reacciones. En efecto aprendemos a ser profesores por ensayo y error, hubo ocasiones en que me lamenté, pero también hubo ocasiones en que me enorgullecí y hasta me divertí.

Aunque para mi este trabajo es sumamente gratificante, como el autor lo menciona en el recorrido siempre hay dificultades que sortear. En mi caso el conflicto de identidad se presentó porque desconocía muchas cosas del aspecto pedagógico, sabía lo que tenía que hacer pero no sabía como hacerlo. Afortunadamente pude “superar la prueba”, primero reconocí que no sabía y que eso no tenía nada de malo porque nadie nace sabiendo; entonces preguntaba, observaba y aprendía.

Además del aspecto pedagógico, me enfrenté al dilema de cómo es que tenía que dar las clases de manera que los jóvenes comprendieran lo que yo trataba de enseñarles. Unos días antes estaba pensando al respecto y mi papá me dio una respuesta que me fue, y es, de mucha ayuda: programación neurolíngüistica. En sí, no solo se trata de ser un buen orador, también se trata de saber transmitir el mensaje.

Tuve una maestra, quien por cierto ahora es mi compañera, en aquel entonces me dio la materia de inglés. Lo que más recuerdo es que a pesar de que era estricta, nos exigía y nos llamaba la atención cuando era necesario, su clase era muy amena y ella como profesora era una persona accesible, cordial e inspiraba confianza. Otro de los dilemas al enfrentarme a esta profesión era el de la disciplina: ¿Debía ser estricta, seria y exigente o tolerante, informal y complaciente? Entonces por unos instantes volví a ser alumna y recordé lo que yo esperaba y lo que me gustaba de mis maestros. Y de esa manera intento actuar, encontrando el equilibrio entre las dos caras, como mi maestra de inglés.

Como profesores nos enfrentamos a varias dificultades, pero considero que la primer arma con la que debemos hacerles frente es la aceptación. Aceptar que no podemos, que no sabemos, que no tenemos, porque no hay problema que se pueda solucionar sin antes reconocer que existe. Agregamos un poco de empatía y, aunque los inconvenientes nunca terminan, podremos enfrentarlos desde una óptica diferente y tal vez hasta lleguemos a solucionarlos.